“He
enfatizado la idea de que el hombre es más sabio que su intelecto y que las
personas que funcionan bien llegan a confiar en lo que están experimentando
como una guía adecuada para su conducta. Ellas se dan cuenta de que los
significados descubiertos en su apertura a toda su experiencia constituyen una
manera sabia y satisfactoria de dirigir sus acciones.
jueves, 21 de agosto de 2014
La persona tiene amplios recursos
Todo lo que necesitamos para poder movernos en la dirección de nuestro
despliegue, desarrollo y crecimiento, está dentro nuestro, no afuera. En
realidad no necesitamos de consejo externo que nos diga qué hacer, pues si
podemos poner en marcha nuestro muy preciso mecanismo de
elección y movimiento, podemos confiar en nuestras elecciones y decisiones, nos
orientaremos sin duda hacia nuestro bienestar y plenitud. ¿Quién mejor que
nosotros mismos para saber qué es lo que necesitamos? Lo que pasa es que hemos
dejado de usar nuestro mecanismo de elección interno, de tanto necesitar
agradar a los demas y seguir sus consejos, que ya no nos creemos capaces de
tomar buenas decisiones, o de reorientar nuestra vida por nosotros mismos.
Es por eso que en el Enfoque Centrado en la Persona, no trabajamos con opiniones ni recomendaciones externas, que es lo que nos desvió de nuestro centro en primer lugar, sino con lo que realmente hace falta para poner este mecanismo otra vez en movimiento: las actitudes de Congruencia, Empatía y Aceptación necesarias y suficientes para brindar una relación de una calidad interpersonal tal que promueve en quien la recibe la confianza y autoestima necesarias para favorecer el despliegue de sus propias potencialidades.
Es por eso que en el Enfoque Centrado en la Persona, no trabajamos con opiniones ni recomendaciones externas, que es lo que nos desvió de nuestro centro en primer lugar, sino con lo que realmente hace falta para poner este mecanismo otra vez en movimiento: las actitudes de Congruencia, Empatía y Aceptación necesarias y suficientes para brindar una relación de una calidad interpersonal tal que promueve en quien la recibe la confianza y autoestima necesarias para favorecer el despliegue de sus propias potencialidades.
Andrea García Moral
Counselor - Enfoque Centrado en
la Persona
ENFOQUE AL
SER - Los mejores recursos están en vos
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martes, 29 de julio de 2014
Creencias encapsuladas e invisibles
Estos días
me di cuenta una vez más del poder invisible que tienen nuestras creencias, sobre todo
cuando se establecen durante la niñez. Y la potencia e invisibilidad de su
accionar, a través de los años.
Yo siempre
sostuve que me era imposible tejer al crochet. Una nulidad total. Cuando mi
hija trajo esas pulseritas que se tejen con banditas de goma, de pronto me dieron unas
ganas bárbaras de aprender a tejer al crochet. Y un día me animé y compré aguja,
lana, y me puse a ver en YouTube algunos videos paso a paso.
Al
principio, hacer una simple cadena de puntos me costó un montón. Pero no
abandoné. Seguí insistiendo y
practicando. Me propuse hacer solo un pequeño rectángulo donde probaría los
distintos puntos. Lo tejí y destejí
muchas veces, hasta que me consideré lista para pasar a algo más
importante.
Ahora estoy intentando
tejer un sencillo gorro de lana. La banda inicial la tejí y destejí creo
que tres veces, tanto me costaba, a
pesar de haberlo practicado. Pero lo maravilloso era que no me importaba, ni me
fastidiaba. Simplemente, deshacía lo hecho y volvía a empezar. Por supuesto,
cada vez me salía mejor que la anterior.
Y pensé,
¿cómo es que antes no me animaba a tejer y ahora sí? Bueno, mucho tiene que ver
con la impronta tan fuerte que nos queda grabada, con la exigencia y la
autoestima, con la confianza en nuestras capacidades.
Todavía
recuerdo aquella pequeña cadeneta, y esa flor eternamente inconclusa, de mis torpes
primeros pasos en el crochet, cuando tenía 9, 10 años quizás. Recuerdo la
frustración (mía y de mi mamá) porque no me salía algo que aparentemente tenía
que ser fácil. Recuerdo el fastidio de ambas, mi vergüenza, y recuerdo también
haberme rendido, diciéndome: “el crochet es muy difícil, no es para mí”. Y así,
encapsulado, guardado, quedó ese mensaje vivo, invisible pero siempre activo,
durante 35 años, repitiendo con admiración hacia quienes sí sabían tejer al
crochet: “¡qué bien que te sale! Pero yo no sirvo para el crochet, a mí no me
sale”.
¿A mí? ¿O a
la niña de 10 años?
Hicieron
falta 35 años para darme cuenta de que yo también podía disfrutar de aprender a
tejer al crochet. Para que ese “no puedo” se transformara en un “voy a
intentarlo otra vez”.
Claro está,
que en este caso el desafío es para conmigo misma. La señora que subió el video
a internet no se enoja si yo lo pauso a cada minuto, y ni se entera si tejo y
destejo una y mil veces. No hay amenaza (real o imaginada) a mi autoestima ni la
temible autoexigencia de ser perfecta.
Y así, punto
a punto, hilera a hilera, me concentro, me divierto y me pregunto cuántos otros
mensajes encapsulados, vivos, siguen
diciéndome que “no sirvo para”, simplemente porque en algún momento de mi vida,
lejano o cercano, realmente no pude.
Ecos de
circunstancias que antes fueron ciertas, pero que ahora pueden ser diferentes,
porque yo ya no soy la misma.
Cuando estoy
lista, ese viejo deseo, esas ganas, surgen espontáneamente y me mueven a
intentar cosas nuevas. De nada sirve que me lo señalen de afuera. No, tiene que
ser genuino, venir de adentro.
Cuando no me
siento amenazada, cuando me permito equivocarme y volver a empezar, pasan cosas
maravillosas. No por lo grandiosas, sino por lo importantes que son.
Quizás tan
humildes y tan simples como unos puntos de crochet.
Andrea García Moral – counselor en
ENFOQUE al SER
Acompañamiento psicológico para una
mejor calidad de vida.
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jueves, 3 de julio de 2014
No hay miedos pequeños
¿Cuántas
veces escuchaste, o te dijiste, en tono despectivo: “no hace (tal cosa, tal cambio) porque tiene
miedo”?
Nos
culpamos por sentir miedo. Entonces al miedo le agregamos la culpa y la exigencia.
Y después nos preguntamos cómo es que estamos tan agotados y desesperanzados ¿
cómo no estarlo, con mochilas tan pesadas?
Sentimos
miedo ante una amenaza física o emocional.
En ambos se juega una pequeña o gran parte de nuestra vida.
Miedo
a la soledad, al abandono, al qué dirán, al fracaso, al juicio y al destierro
de nuestro grupo de amigos, colegas, familia, comunidad. Todos ellos tienen
algo en común: el miedo a no ser
queridos.
viernes, 27 de junio de 2014
Empatia: ponerse en el lugar del otro
Todos
nacemos con el don de la Empatía. Todos alguna vez nos pusimos en el lugar del
otro cuando éramos chicos. Hasta los
bebés lloran si escuchan a otro bebé llorar.
¿Qué cambió
después? ¿Qué nos pasó que de grandes nos cuesta tanto ponernos en el lugar del
otro? ¿En qué momento dejamos de empatizar para intentar convencer, adoctrinar
o aconsejar?
¿Será que si
veo el mundo con los ojos de ese otro, corro el riesgo de cambiar algo dentro
de mí? ¿Y si resulta que el otro tiene razón? Entonces ya no estaría tan segura
de lo que yo creo como verdades absolutas, ni siquiera como verdades. Todo
tomaría un matiz de relatividad que hasta podría resultar intolerable.
Si estoy tan
segura de que las cosas son de una determinada manera, el pensar, percibir,
sentir que pueden ser de otra distinta, u opuesta, puede llegar a ser muy
molesto o inquietante.
Para poder
realmente comprender a otro, tengo que empezar primero por aceptarme a mí misma.
¿Puedo permitirme ser yo misma frente a un otro?
El valor de
la empatía es que produce una reconfortante comprensión.
Al sentirme
comprendida me siento más relajada, contenida, acompañada. No necesito
defenderme pues ese otro me comprende y me acepta como soy, con todos mis
errores y mis defectos.
Y si no
tengo que defenderme, entonces, ¿en dónde pongo la energía que antes ponía en
levantar murallas invisibles y proyectores que muestren lo maravillosa que soy?
Esa energía
disponible la puedo volcar en mí misma, de una forma nueva e integradora. Puedo
permitirme pensar distinto, revisar aspectos desconocidos, animarme a ver más
datos de una situación, probar con ideas arriesgadas. Tengo más caudal de
libertad para permitirme explorar nuevas formas de ser.
El sentirme
comprendida me permite crecer como persona.
Andrea García Moral - counselor en Enfoque al SER
Acompañamiento psicológico para una
mejor calidad de vida.
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