martes, 18 de agosto de 2015

Rogers, el Enfoque y el Poder de la Persona




Carl Rogers explica su Enfoque Centrado en la Persona:

“Este nuevo enfoque difiere del anterior en que tiene objetivos realmente diferentes. Está enfocado directamente a promover una mayor independencia e integración del individuo en lugar de esperar que tales resultados ocurran si el terapeuta le ayuda a resolver el problema. El centro de atención es el individuo y no el problema. El objetivo no es resolver un problema particular sino ayudar al individuo a crecer, de modo que él pueda hacer frente al actual problema y a problemas posteriores de una manera más integrada. Si él puede ganar suficiente integración para manejar un problema de una manera más independiente, más responsable, menos confusa, mejor organizada, entonces él será capaz de manejar también nuevos problemas en la misma forma”.


“Esto se basa en el impulso individual al crecimiento, a la salud y al buen funcionamiento psicológico. La terapia no es cuestión de hacerle algo al individuo o de inducirlo a hacer algo en relación a sí mismo. Por el contrario, se trata de liberarlo para que tenga un crecimiento y un desarrollo normales, de quitar obstáculos para que él pueda ir otra vez hacia adelante”.

Cuando estas afirmaciones fueron hechas por vez primera en 1940, ocasionaron un gran furor. Yo había descrito varias de las técnicas de orientación que se usaban mucho en ese tiempo –sugerencias, consejos, persuasión e interpretación–  y había señalado que ellas se apoyaban en dos presupuestos básicos: que “el orientador es el que sabe más” y que él puede encontrar las técnicas para llevar a su cliente, en una forma eficiente, a conseguir el objetivo escogido por el mismo orientador”.

“Veo ahora que yo había dado un golpe político de dos filos. Yo había dicho que la mayoría de los orientadores se consideran competentes para controlar la vida de sus clientes. Y me había adelantado a exponer la opinión de que era preferible simplemente liberar al cliente para que pudiera convertirse en una persona independiente, con autodirección. Estaba haciendo claro que si ellos se hallaban de acuerdo conmigo, eso significaría un completo rompimiento y un viraje de 180° de su control personal en sus relaciones de orientación”.

“Desde la perspectiva de la política del poder y el control, la terapia centrada en la persona está basada en una premisa: una visión del hombre como un organismo básicamente digno de confianza. Con el paso de los años, esta base ha sido fortalecida por la experiencia con individuos con problemas,  con psicóticos, con grupos pequeños de encuentro, con estudiantes en clases y con grupos de personal. Se ha ido estableciendo con más y más firmeza como una postura básica aunque cada persona debe aprenderla paso a paso por sí misma para estar convencida de su validez. Recientemente la he descrito como “la hipótesis que se ha formado y se ha probado gradualmente en el sentido de que el individuo tiene dentro de sí muchos recursos para entenderse a sí mismo, para modificar su autoconcepto, sus actitudes y su conducta autodirigida –y que estos recursos pueden ser sacados si se provee de un definido clima de actitudes psicológicas facilitadoras”.

Existe en todo organismo, a cualquier nivel, un movimiento subyacente que los lleva hacia una realización constructiva de sus potencialidades inherentes. Existe en el hombre una tendencia natural al desarrollo completo. El término que ha sido más usado para designar este hecho es la tendencia actualizante, y es algo que  está presente en todos los organismos vivos. Ella es la base sobre la cual está construido el enfoque centrado en la persona”.

Por supuesto que la tendencia actualizante puede ser obstruida, pero no se le puede destruir sin destruir al organismo”.

“¿Qué clima psicológico hace posible la liberación de la capacidad del individuo para comprenderse y gobernar su vida? Existen tres condiciones para este clima promotor del crecimiento, ya sea en la relación terapeuta y cliente, o padre e hijo, o líder y grupo, maestro y estudiantes, administrador y personal; de hecho, en cualquier situación en que el objetivo es el desarrollo de la persona.

La primera se refiere a la genuinidad, autenticidad, congruencia. Mientras más la terapeuta es ella misma en la relación, sin poner fachadas personales o profesionales, mayor es la probabilidad de que el cliente cambiará y crecerá de una manera constructiva”.

La segunda actitud es la aceptación, aprecio o estimación –la aceptación positiva incondicional. Esto quiere decir que un movimiento o cambio terapéutico es más probable cuando la terapeuta está experimentando una actitud positiva, aceptante hacia cualquier cosa que el cliente es en ese momento”.

El tercer aspecto facilitador es la comprensión empática. Esto significa que la terapeuta capta con precisión los sentimientos y significados personales que están siendo experimentados por el cliente y comunica esta comprensión al cliente. En sus mejores momentos, la terapeuta está tan metida en el mundo privado de la otra persona que puede clarificar no sólo los significados de los cuales el cliente es consciente, sino también aquellos que están justo por debajo del nivel de consciencia. Cuando ella responde a este nivel, la reacción del cliente es de este modo: “Quizás esto es lo que he estado tratado de decir. No me había dado cuenta de ello, pero sí ¡esa es la manera como yo me siento!”.

“Podrías muy bien preguntar por qué una persona que busca ayuda cambia positivamente cuando participa en una relación con una terapeuta que tiene estas características. A través de los años yo he llegado a ver con más y más claridad que el proceso de cambio en el cliente está en reciprocidad con las actitudes de la terapeuta”.

“A medida que el cliente encuentra a la terapeuta escuchando sus sentimientos en una forma aceptante, él se vuelve capaz de escucharse a sí mismo con aceptación, de oír y aceptar el enojo, el miedo, la ternura, el valor que está experimentando. A medida que el cliente encuentra a la terapeuta estimándolo y valorándolo aún en los aspectos ocultos y horribles que han sido expresados, él experimenta una estimación y gusto por sí mismo. A medida que la terapeuta es experimentada como real, el cliente es capaz de tirar las fachadas para ser más abiertamente la experiencia interna”.

Al escuchar sus sentimientos internos, el cliente reduce el poder que otros han tenido para inculcarle culpas, miedos e inhibiciones y poco a poco aumenta la comprensión, el control sobre sí mismo. A medida que el cliente es más aceptante de sí mismo, se vuelve más y más grande.  El cliente se posee a sí mismo en un grado que nunca antes se había dado. La sensación de poder está creciendo. Conforme el cliente se va haciendo más consciente de sí mismo, más aceptante de sí, menos defensivo y más abierto, él encuentra por fin algo de la libertad para crecer y cambiar en las direcciones naturales del organismo humano. La vida está ahora en sus manos para ser vivida como un individuo”.

Carl Rogers,  “ El Poder de La Persona”.

Andrea García Moral  - counselor
ENFOQUE AL SER – Consultoría psicológica del Enfoque Centrado en la Persona
Consultas: enfoquealser@gmail.com

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