viernes, 11 de noviembre de 2016

Acepta tus propios ritmos y te sentirás mejor



Acepto los cambios, porque los cambios vendrán, sean esperados o no. No hay nada que pueda hacer para cambiar lo que no puedo cambiar, ni influir sobre lo que está fuera de mi alcance. Cuando dejo de resistirme a los cambios, todo se despeja y algo nuevo aparece.

Esto es lo que aprendí recientemente.


Somos seres cíclicos, sujetos a los ritmos de la vida y la naturaleza.
Y no hace falta mudarse al campo. Sólo hace falta detenerse y observar.

Por ejemplo, yo no sabía que las plantas, cactus y crasas también cumplen ciclos de descanso y actividad, al igual que los árboles. Las regaba y fertilizaba, más o menos según creía mejor. Cuanto peor se ponían, más les alimentaba para que se “reanimaran”. Obviamente varias morían.
Hice un curso y aprendí a  observarlas y cuidarlas mejor. Y se salvaron más plantas, para alegría mutua.

Sabiendo esto,  un día me observé a mí misma. Y descubrí que yo también tenía ciclos, y que tampoco me los respetaba (y no hablo del ciclo menstrual, eso irá en otra nota). 

Me forzaba todo el tiempo a rendir al mismo nivel (lo más alto posible), y cuando no podía me frustraba mucho y lo consideraba un fracaso personal.
Entonces, luchaba aún más por superarme, me forzaba para buscar nuevas formas,  nuevas vías de comunicación, nuevas actividades. Cuando lo lograba me sentía bien, Cuando no, me angustiaba, culpaba y me daba por vencida.

Esto sólo acumulaba ansiedad (en sostener los logros) y frustración (cuando ya no podía hacerlo).

Hasta que empecé a observarme y registrar mis propios ciclos de energía. Un día empecé a soltar de a poco las riendas del control, y dejarme guiar.
Así descubrí el alivio en dejar de remar contra las mareas, y que no existía tal cosa como logros y fracasos.

Descubrí que yo también pasaba por ciclos de actividad, donde todo florecía con facilidad,  y ciclos de reposo, donde todo se frenaba y dificultaba.
Al dejar de luchar mi ansiedad bajó, y por estar más tranquila aumentaba mi poder de observación e intuición.

Pude empezar a percibir las semanas en que estaba en “actividad”, aprovechándolas para escribir, crear, hacer lo que surgiera en ese momento. Navegaba mejor con la marea alta, pero sabiendo que pronto iba a cambiar.

Y cuando percibía que las cosas comenzaban a trabarse, mis ideas no venían, mis fuerzas se agotaban, me daba cuenta que entraba en mi período de “reposo”. La marea había bajado. Y lo aceptara o no, remar en la arena era imposible. Entonces hacía otras cosas, adecuadas al momento interior. Sumamente útiles y necesarias también. Incluso permitirme descansar, si era posible.

Y esto es lo que estuve aprendiendo en estos meses.

En esta lucha de ansiedad y frustración estuve años, casi toda mi vida. Y aún me cuesta no poder salirme, porque está automatizada en mí.

Todo nuevo aprendizaje lleva tiempo. Pero los resultados me traen tanta paz, que me permiten aceptarme cuando flaqueo y vuelvo a entrar en la lucha conocida. Y cuando no logro aceptarme, mis guías y afectos están allí para abrazar lo que rechazo en mí, y ayudarme a estar en armonía otra vez.

Es aprendiendo a quererme y respetarme, que puedo dejar de luchar por ser alguien.

Porque ya soy.  Estoy siendo. Y bloqueo lo que soy al querer luchar.



Andrea García Moral



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